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estupida, patetica y perturbada mente

domingo, 21 de junio de 2009

Día del padre... preparando la máscara


Hoy, día del padre, comprobé nuevamente que soy una persona muy falsa.
9 am. Me levante temprano para prepararle el desayuno a mi viejo. En realidad me levante a las 9:20 o mas pero es que no podía despegar la cabeza de la almohada.
Tape a mi hermanita y le di un beso. Ella es la única con la que realmente soy “buena” mmm... no se como decirlo, con la única que no finjo. Me puse una camisa enorme que le robe a mi viejo, y que me es supero cómoda y calentita, y salí a la cocina.
Primero limpie lo fundamental “El equipo de mate”, no entiendo como mis viejos pueden soportar tanto liquido en el estomago ¡Viven tomando mate! Bueno me da igual. Lo limpie y puse a calentar agua mientras tostaba unos pancitos. Hasta ahí soy la mejor hija del mundo... ¡Wow! ¡Eso fue extraño!
No se porqué razón se me dio por limpiar la cocina. Fregué como nunca en mi vida y quedo todo más que perfecto. Me gusto ver que había hecho algo bien. Me puse de buen humor. Entre tanta limpieza me agarró calor y me saque la camisa quedando en musculosa.
Ya eran las 10 y mi viejo no se despertaba. No aguante más y me adentre en su cuarto con las tostadas untadas con mermelada de higos (¡Seeep! ¡Asqueroso! ¡Pero a el le gusta!) y la bandeja con el equipo de mate. Para mi sorpresa estaba despierto.
- ¡Hola! ¡Feliz día paa! –dije con una sonrisa, extrañamente, no fingida. El se sentó en la cama y se acomodo con una enorme sonrisa. Me gusto verlo feliz. Le di la bandeja, nos dimos un abrazo y empezamos a hablar de cosas sin sentido. En una de esas el sol entra por la ventana y mis casi invisibles cicatrices se hacen claramente súper visibles. No me había dado cuenta. Odio el sol. Mi viejo se me queda mirando y me pregunta que me paso. No sabia donde meterme, me sentí acorralada. Luego recordé que mis viejos son unos ingenuos, genial. Abrí la boca lentamente y sonreí.
- estaba jugando con la perra y me rasguño un poco... como soy re blanca se me marca todo... ¡jajaja! Esa Sarah (perra)... sabes como es de histérica ¡jajaja! –se rió un poco y siguió con su desayuno. Sono el teléfono y salí del cuarto. Me fui a la muy limpia y solitaria cocina y me senté ahí sin hacer nada. Solo mirando mis cicatrices. Me enoje, me enoje mucho. Empecé a llorar. Fui bruscamente al cajón de los cubiertos y agarra la navaja de mi viejo. La afile. Ya estaba justo cuando escucho que mi viejo se levanta. La guarde rápidamente. Mi viejo sentó en una silla de la cocina y prendió la tv. Como estaba de espaldas no vio mi llanto de tarada.
- ¡que linda esta la cocina! –dijo sorprendido. Yo me seque las lágrimas como pude, gracias a dios no había llorado mucho así que mis ojos no estaban rojos, me di vuelta y “acomodándome la mascara” y sonreí.– si... –dije intentando memorizar donde había dejado el sacapuntas nuevo que había comprado hacia unos días para casos extremos (si, lei Abzurdah y creo que me enseño mucho). Lo recordé. Trague saliva intentando no demostrar la impaciencia por ir a buscarlo.– ¡Hoy me siento bien! –me fui rápidamente a mi cuarto y lo busque. Con la pincita le saque el tornillito y el filo. Lo mire por unos segundos y lo lleve a mi muñeca. “Dios... que falsa soy...” pensé mientras sentía que me volvía el alma al cuerpo con cada corte.

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